10 de mayo de 2012

Aceptación del pueblo judío de Palestina

El pueblo judío de Palestina no rechazó a Jesús. Durante todo su relato los cuatro evangelios muestran, con una contundencia plena de evidencias y de realidades, que el pueblo judío, salvo naturales excepciones de humana debilidad, “lo tenía por profeta” (Mt.21,46) ; y, desde luego, para sus seguidores era el Mesías. En la época de Jesús, Palestina, que no tenía ese nombre todavía, comprendía una extensión territorial algo menor que los reinos de David, Salomón y los asmoneos. (El territorio del pueblo de Israel. La Tierra Prometida por Dios a Abraham).

Cuando nació Jesús era rey de todo Israel Herodes, el grande, impuesto por el senado romano y confirmado por el emperador Augusto, que dominaba toda la zona del cercano oriente. Durante el gobierno de Herodes el grande hubo en Israel gran prosperidad. Hizo grandes construcciones: ciudades, fortalezas, un gran mausoleo,etc..Remodeló y engrandeció, con un esplendor sin igual, la sencilla estructura del viejo Templo de Jerusalén. Pero su servilismo hacia los romanos, sus arbitrariedades con los nombramientos en el Sanedrín y los sumos sacerdotes y sus terribles atrocidades le granjearon el repudio del pueblo.

Treinta años después, cuando Jesús inició su predicación, Israel estaba divido en tres jurisdicciones: la zona del noroeste, gobernada por Filipo (hijo de Herodes el grande) con el título de tetrarca. La zona de Galilea estaba gobernada por HerodesAntipas (hijo de Herodes el grande) con el título de tetrarca. La zona de Judea, Samaria e Idumea estaba gobernada por un funcionario romano con el título de “Procurador” y con sede en Cesarea.

Jesús vivió y predicó, casi siempre, en las regiones de Palestina habitadas por judíos. Durante su predicación Jesús tuvo adversarios surgidos de sectores elitistas: Doctores de la Ley, herodianos, saduceos, fariseos y las malas autoridades vendidas. Estos adversarios le discutieron, muchos con malicia y otros con convicción, aspectos de la Ley y en alguna oportunidad concordaron con su doctrina o le previnieron del peligro que corría(Lc.13,31).

Por sus milagros y hermosas enseñanzas (Confianza en la Providencia, el Sermón de la Montaña, el amor a los enemigos, etc.), las multitudes populares lo siguieron; hecho que culminó con su entrada triunfal en Jerusalén.

En el Templo tuvo lugar la revelación de Jesús. “Todo el pueblo madrugaba para ir donde él y escucharle en el Templo”(Lc.21,38) . (…todo el pueblo de oía pendiente de sus labios”(Lc.19,48).

Pero las maliciosas autoridades vendidas (sumo sacerdote-Sanedrín), secundadas por malos saduceos, malos fariseos y herodianos, maquinaron la horrible maldad de hacer desaparecer a Jesús, pero sin que el pueblo se enterara, “…pues temían al pueblo”(Lc.22,1-2). Se acercaba la Pascua (en que hay que sacrificar la víctima pascual). Satanás entró en Judas Iscariote, uno de los Doce Apóstoles, y que se ofreció, por dinero(Treinta monedas de plata), a las autoridades vendidas para traicionar a Jesús cuando estuviera lejos de las multitudes(Lc.22,3-6).

Durante la Cena de Pascua, en el Cenáculo, Jesús instituyó la Eucaristía y la nueva Alianza, que no tendrá fin. Después de la Cena fueron al monte de los Olivos, ubicado fuera de los límites de la ciudad. Allí fue la patrulla de las autoridades político-religiosas vendidas guiadas por el traidor Judas Iscariote y prendieron a Jesús, arteramente, a escondidas de pueblo. Jesús se entregó voluntariamente. Entonces la patrulla lo llevó a Caifás, el sumo sacerdote. Durante la noche, en el Sanedrín, le hicieron un juicio irregular y lo condenaron. De madrugada lo llevaron al Pretorio del procurador Poncio Pilatos. Lo acusaron falsamente y gritaban y Pilatos tuvo que condenarlo. Era de madrugada, no había radios, ni televisión, ni computadoras, ni celulares. No se pudo en tan pocos minutos haber convocado a multitudes del pueblo. El pueblo judío de Palestina no estuvo presente. Los que asistieron al juicio de Pilatos eran, en realidad, grupos de individuos adictos a las autoridades vendidas, lo que ahora llamaríamos activistas. Fueron los que junto con las malas autoridades pidieron a gritos la crucifixión y dijeron todas esas cosas horribles (“Caiga su sangre sobre nosotros y nuestros hijos”(Mt.27,25). Durante elVia crucis y crucifixión, ya avanzada la hora, las malas autoridades vendidas y algunos sujetos, indudablemente los adictos activistas, se burlaron de Jesús. Pero la realidad trascendental es que “Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él”(Lc.23,27). Después que Jesús expiró “Todas las multitudes que estaban reunidas allí, cuando contemplaron las cosas que sucedieron, empezaron a volver golpeándose el pecho”(Lc.23,48).

El pueblo judío de Palestina no rechazó a Jesús.-

Aldo Schiavetta
Bajo el influjo de 
la clarividencia de
Julia Cianci 

Manifiesto publicado en Internet, página: http://www.laverdadnosharamejores2.blogspot.com

30 de abril de 2012

Comentario de una particularidad del Evangelio de San Juan

En un fragmento de su libro, su Santidad Benedicto XVI, respondiendo a la pregunta de quiénes eran los acusadores de Jesús, explica, citando a San Juan, que al hablar de judíos el Evangelio “no indica de ningún modo, como un lector moderno tendería a interpretar, al pueblo de Israel, sino más bien a la aristocracia del Templo”. El Papa quiso subrayar de este modo que la acusación de deicidio, formulada desde el Medievocontra los judíos, no tiene ningún fundamento en los textos sagrados del cristianismo.

REALIDAD HISTÓRICA DEL EVANGELIO DE SAN JUAN

Rico, complejo y difícil, diferenciándose de los tres primeros evangelios(Sinópticos), que fueron escritos antes de la sublevación del pueblo judío de Galilea y Judea contra la dominación romana de los años 66-70e.c., el Evangelio de San Juan fue escrito con posterioridad a dicha guerra. Antes de la sublevación los judíos cristianos, aunque eran muy hostigados por las autoridades político-religiosas, entraban libremente en las sinagogas comunes y debatían con los judíos ortodoxos la doctrina de Jesús y la divulgaban. Después de la destrucción del Templo de Jerusalén, dirigentes secundarios de judíos ortodoxos sobrevivientes, se establecieron en Iabne(cerca de Jaffa) con autorización de los odiados romanos dominadores. Los dirigentes judíos ortodoxos de Iabne no dejaron entrar más a los judíos cristianos a sus sinagogas porque no apoyaron a la rebelión (“Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”, Mat.22,21), y además alarmados porque después de la guerra, muchos judíos ortodoxos adoptaban la nueva doctrina cristiana. Los judíos cristianos de Palestina se disgustaron profundamente con el grupo de judíos ortodoxos de Iabne.

San Juan, que sobrevivió hasta esa época, y sus discípulos, radicados en Éfeso, tenían estrechos vínculos con los judíos cristianos de Palestina y de los sentimientos y emociones de su tiempo. El cuarto Evangelio lo escribió por inspiración divina pero la redacción fue humana. Finalmente, la redacción definitiva la realizaron los discípulos, que, presuntamente, muy disgustados con el pequeño grupo de judíos ortodoxos de Iabne, generalizaron con el nombre de “judíos” a todos los enemigos de Jesús. En realidad los enemigos de Jesús solo habían sido los malos herodianos, las malas autoridades religiosas y políticas vendidas y pequeños grupos de malos saduceos y malos fariseos, pero no todo el pueblo judío común de Palestina que en general no lo había rechazado(ver Lc.21,38 y 18,48).

San Juan, discípulo preferido de Jesús, vivía en total entrega a sus mandamientos y doctrina, y al mismo tiempo practicaba, como todos los cristianos judíos, las tradiciones judías no modificadas. Junto con sus discípulos respetaban esas conmemoraciones y circuncidaban a sus hijos, pero su total entrega y su veneración infinita por Jesús se manifiestan esplendorosamente en su Evangelio. Considerando el supremo mandamiento de amar a Dios y al prójimo y haciendo abstracción del disgusto, que acusa a todos los judíos de rechazar a Jesús, el Evangelio muestra una REALIDAD más amplia: el “mundo” o las “tinieblas”, dominado por Satanás, el príncipe de este mundo, que actúa contra Dios y su Cristo. Jesús se entrega a la muerte como el Cordero Pascual inocente para expiar el pecado del mundo.

La aclaración enunciada por su Santidad Benedicto XVI con respecto al Evangelio de San Juan, que los medios de comunicación masivos dieron como una noticia fugaz, es conocida por las autoridades de la Iglesia y colaboradores pero no por las multitudes católicas (Mil millones de almas). Será una hermosa bendición difundirla profusamente a todo el género humano, junto con la Realidad Histórica de los acontecimientos, para honrar la verdad y los Derechos Humanos; y para mayor gloria de nuestra militante Iglesia Católica.



LOS DERECHOS HUMANOS


El diccionario define a los Derechos Humanos como, "conjunto de derechos y libertades considerados como inherentes a la naturaleza humana, lo que implica especialmente su aplicación y respeto por todo el poder político".
Los Derechos Humanos no son creaciones ni patrimonio de ningun sector social. La prodigiosa realidad de su esencia y gestación es que el mandato divino del amor al prójimo* rebasó siempre los corazones de los diversos luchadores que, en distintas circunstancias y lugares, forjaron los derechos humanos. 


"Los Derechos Humanos son la institucionalización del mandamiento de amar al prójimo"


*Lvt. 19,34 - Dt. 10,19 - Mc. 12,28-34.


Aldo Schiavetta
Bajo el influjo de 
la clarividencia de
Julia Cianci 



Manifiesto publicado en Internet, página: http://www.laverdadnosharamejores2.blogspot.com

22 de febrero de 2010

Una no deliberada pero horrible y genial crueldad de hace más de cuatrocientos años.

En el año 1291 las autoridades inglesas echaron a los judíos para robarles, y justificaron esa canallada alegando que eran malas personas. Argumento al que la población le dio completo crédito. Pasaron los siglos y esa creencia generalizada persistió. En ese ambiente, en siglo XVI, nació William Shakespeare, el genio inconmensurable de la literatura universal. Entre las más célebres de sus obras está la comedia "El mercader de Venecia", famosa sobre todo por el personaje de Shylock, pretendido judío prestamista que da un préstamo sin interés a un cristiano, pero con la garantía de una libra de su carne, y que reclama por incumplimiento. Está dantescamente retratado como perverso, grotesco, vengativo, inhumano, etc. ,etc. Así, el prodigioso autor, con toda su incomparable genialidad, le hace destilar a Shylock la maldad, y aunque la forma burlona la cubre placenteramente, al mismo tiempo siembra en el subconsciente del espectador actual una semilla de malignidad.
La obra maestra se difundirá más y más, debido también a las numerosas representaciones radiales, teatrales, cinematográficas, televisivas y hasta en los cada vez más sofisticados celulares. Los estudiantes la leerán...
Es muy difícil destruir un prejuicio en estas circunstancias. La mejor manera de empezar a combatirlo es sentir que nos hiere profundamente. Saber que su malignidad es constante, así esté dirigida contra trece millones de judíos, dos mil quinientos millones de cristianos o contra un solo ser humano.
Para captar su virulencia habría que imaginar la misma situación pero dirigida a otro sector de la humanidad, poniendo todo el corazón para no herir venerables sentimientos ni instalar absurdas polémicas. Si Shakespeare hubiera nacido en el Imperio Romano en el siglo III, en plena época de las persecuciones contra los cristianos, acusados de toda especie de excesos , de crímenes, de adorar a un dios con cabeza de asno y de dar muerte a los niños para beberles la sangre, es obvio que el personaje de Shylock habría sido cristiano. El deleite de los espectadores romanos habría sido tan delicioso como el que sentían los ingleses de fines del siglo XVI... La comedia sembraría en la actualidad la semilla de malignidad en el subconsciente de los espectadores no cristianos que son más de tres mil quinientos millones. Los cristianos sentirían, como todo ser humano en la misma situación de inocencia, que el despreciable Shylock les hace daño, y tal vez algún justiciero trataría de elaborar una reivindicación absurda.
Por todo lo dicho, alertar sobre Shylock no es desempolvar una antigua y olvidada sinrazón. Es un astuto prejuicio que se difunde mediante la cultura. Pero es con el conocimiento de los hechos, con la cultura precisamente, que utilizando un procedimiento similar al de la vacunación se lo puede combatir con eficacia.
Jorge Luis Borges en uno de sus maravillosos versos enumera las trágicas lacras con que se atormentó a los judíos, y entre las primeras menciona a Shylock.
"Un hombre encarcelado y hechizado,
un hombre condenado a ser la serpiente
que guarda un oro infame,
un hombre condenado a ser Shylock
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
un rostro condenado a ser una máscara,
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
un hombre condenado a ser el escarnio,
la abominación, el judío,
un hombre lapidado, incendiado
y ahogado en cámaras letales,
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . "

Israel (transcripción parcial). Obras Completas, Emecë Editores, Tomo 2, pág. 377.
William Shakespeare podría haber nacido, no solamente en el Imperio Romano sino en cualquiera de los países de la Tierra. Por tanto, el personaje de Shylock es de una significación universal, que se incluye en todos los sectores humanos de todos los tiempos.
Imbuido de esta evidente realidad y alertado de que Shylock podría ser un personaje de su propio grupo humano, y ante la magnitud de la afrenta, todo espectador se sentirá hermanado con el grupo humano realmente calumniado por autor de la comedia. Protegerá así su subconsciente de toda semilla de malignidad, y habiendo abstraído la bruma de injusticia que contiene la obra, podrá disfrutar de El mercader de Venecia. Sentirá además, la alegría de pertenecer al venturoso grupo humano que practica el octavo mandamiento (No darás testimonio falso contra tu prójimo), y que irradia el precepto bíblico de amar al prójimo.

Aldo S. Julia C.


Manifiesto publicado en Internet, página: http://www.laverdadnosharamejores2.blogspot.com

21 de octubre de 2009

Una inexactitud de hace 2000 años.

Al analizar los acontecimientos, especialmente los de hace mucho tiempo y que quizás conocemos desde la infancia, lo hacemos con la carga del sedimento de nuestras credulidades. Es difícil lograr un cambio en nuestras opiniones, sobre todo cuando ya hemos dejado de ser jóvenes. Pero si se trata de conceptos erróneos que hacen daño a numerosos seres humanos, es una obligación moral rectificarlos, aunque sea muy difícil de lograr. La verdad tiene que resplandecer. Debe ser desvirtuada una inexactitud de hace 2000 años referida a Judas Iscariote, uno de los doce Apóstoles de Jesús. Cuando se hace un sondeo de opinión, a la pregunta de si los Apóstoles eran judíos o cristianos, todos los consultados responden: Cristianos. Si a continuación se pregunta: ¿Judas Iscariote era judío o cristiano? la mayoría de los consultados responden: Judío.
El análisis de este tema se hará reflexionando con atención las verdades evangélicas y desechando documentos apócrifos y divulgaciones novelescas, que parecen haber llegado a su paroxismo al pretender inculpar, con desaprensivo desparpajo, a Leonardo da Vinci.
Antes de la predicación de Jesús los doce Apóstoles eran hombres comunes, judíos ortodoxos (fieles creyentes en la religión y las tradiciones del pueblo de Israel), que vivían en Galilea. Al convertirse en seguidores de Jesús tuvieron fe en la redención del anunciado Mesías (Jn 1, 41), en el Cristo. De modo que los doce Apóstoles se contaron entre los primeros cristianos.
En aquel tiempo Galilea, zona del norte de Palestina, estaba gobernada por el tetrarca Herodes Antipas, designado por el poderoso emperador de Roma, que dominaba toda la región. De la misma manera, Judea, con Jerusalén estaba administrada por procuradores romanos que cometían injusticias y excesos y nombraban a su arbitrio, para el digno cargo de Sumo Sacerdote y a los miembros del Sanedrín a personas obsecuentes que despertaban el descontento de la gran mayoría del pueblo judío.
Jesús vivió y predicó, casi siempre, en las regiones de Palestina habitadas por judíos. Finalmente subió a Jerusalén a evangelizar y mientras lo purificaba proclamó la subordinación del Templo: "Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes".(Mt 11,17). Por esta manifestación el Templo fue para los Apóstoles y los demás cristianos el Santuario de Jésús. Después de la Ascensión los Apóstoles también lo siguieron frecuentando. "Ellos (los Apóstoles), después de postrarse ante él (Jesús), se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios" (Lc 24, 52-53). En el Templo tiene lugar la revelación de Jesús. Escuchando su doctrina, viendo sus prodigios y oyendo sus juicios "Todo el pueblo madrugaba para ir donde él y escucharle en el Templo" (Lc 21,38) (...todo el pueblo le oía pendiente de sus labios" (Lc 19,48).
Durante su predicación Jesús tuvo diversos adversarios: herodianos, las obsecuentes autoridades, los malos escribas, los malos saduceos y los malos fariseos (que el Talmud también condena). Estos adversarios le discutieron su doctrina y enseñanzas, unos con convicción y otros, molestos por sus acertados juicios y reprimendas, con malicia. Las obsecuentes y maliciosas autoridades "buscaban cómo hacerle desaparecer, pues temían al pueblo" (Lc 22, 1-2).
Estaba cerca la conmemoración de Pascua. "Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce (Pero que desde ese momento dejó de ser seguidor de Cristo); y fue a tratar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia del modo de entregárselo. Ellos se alegraron y quedaron con él en darle dinero (Treinta monedas de plata). Él aceptó y andaba buscando una oportunidad para entregarle sin que la gente lo advirtiera" (Lc 22, 3-6).
Después de la última Cena de Pascua, cuando Jesús se había retirado a un huerto y estaba con los Apóstoles solamente, el traidor Judas Iscariote, acompañado de un destacamento de la guarnición romana (Jn 18,3) y guardias de palacio, lo entregó. Jesús les dijo: "Todos los días estaba junto a vosotros enseñando en el Templo, y no me detuvisteis. Pero es para que se cumplan las Escrituras." "Y abandonándole huyeron todos" (Mc 14, 48-50). Había comenzado la Pasión de Cristo.
Judas Iscariote, con Satanás en su cuerpo hasta después de la traición, entregó a Jesús por dinero solamente. Ninguno de los evangelios menciona que haya manifestado adhesión a los argumentos de los adversarios de Cristo, ni que se haya convertido en uno de los seguidores de las malas autoridades obsecuentes, ni tampoco que se haya reconvertido en el buen judío común ortodoxo que era antes de ser discípulo de Jesús. DESDE AQUEL MOMENTO JUDAS ISCARIOTE HABÍA DEJADO DE SER JUDÍO ORTODOXO. NI CON TODOS LOS AVATARES LO VOLVIÓ A SER. NUNCA MÁS LO FUE. Los evangelios sí relatan que cuando vió "...que (Jesús) había sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata." (Mt 27,3). Dijo "Pequé entregando sangre inocente." (Mt 27,4). Los sumos sacerdotes no le recibieron las monedas. Entonces puso "...las monedas en el Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó." (Mt 27,5). Es evidente que si se sintió acosado por el remordimiento, fue porque tuvo plena conciencia de haber hecho la más horrible maldad de la historia de la humanidad. La historia siempre lo condenará. Poner las monedas en el Santuario del Templo (La Casa de Jesús) habrá sido, tal vez, un subconsciente impulso de retorno, tratando de buscar la misericordia de Dios...

Aldo S. Julia C.

Manifiesto publicado en Internet, página: http://www.laverdadnosharamejores2.blogspot.com

6 de agosto de 2009

Definiciones injuriosas de los diccionarios.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (Vigésima segunda edición) contiene definiciones realmente injuriosas de algunas palabras (gallego, gitano, judiada). Los seres humanos afectados, las instituciones que los agrupan, organizaciones de bien público, etc., han efectuado innumerables reclamos y protestas por el menoscabo que implican. Las definiciones injuriosas, además, inducen al prejuicio, pero como el prejuicio, si no se lo exterioriza con violencia, no es delito, no se le ha dado a estos hechos consumados la dimensión dañina que en realidad tienen.
Estamos "acostumbrados" a que se digan en tono desaprensivo conceptos injuriosos y esto parece haber llegado a su paroxismo en los medios de comunicación masiva cuando se tratan temas políticos. A primera vista, las definiciones injuriosas del Diccionario de la Real Academia de la lengua Española y de otros diccionarios en español, darían la impresión de que si bien no son del todo correctas, tampoco son, hasta cierto punto, graves sino leves, como si se tratara de unas travesuras. Pero la historia nos muestra que los prejuicios pueden expresarse bajo formas monstruosas.
En nuestro tiempo las leyes y las disposiciones de los Derechos Humanos combaten expresamente a los prejuicios para erradicarlos y evitar su difusión.
Difundir mediante la cultura los prejuicios (En este caso lo correcto es decir "propagar los prejuicios") es una inmoralidad dantesca, porque los prejuicios inducen a la discriminación que puede devenir en graves delitos. Como consecuencia de esta propagación sutil y sin control de los prejuicios, una muchedumbre de personas, en particular jóvenes, serán víctimas que pueden quedar marcadas por prejuicios y aportar, más o menos conscientemente su gramo de maldad para que se cometan delitos de lesa humanidad.
La Real Academia de la Lengua Española y todas la instituciones y empresas que editan diccionarios en lengua española deberán suprimir de sus futuras ediciones "inmediatamente" y sin más trámites las definiciones injuriosas, atenuando así su culpa, y al mismo tiempo, aportando un modesto grano de arena a la larga senda que conduce a la humanidad hacia la civilización del amor.

Aldo S.

Manifiesto publicado en Internet, página: http://www.laverdadnosharamejores2.blogspot.com

Una falsedad de 2000 años.

En la época de la predicación de Jesús, Palestina pertenecía al Imperio Romano. Las autoridades judías de Jerusalén, que reclamaron la muerte de Cristo, eran, en realidad, meros agentes al servicio de los opresores romanos. El sufrido pueblo judío los repudiaba. Tres décadas después de la Pasión de Jesús, ese mismo pueblo judío de Jerusalén y Palestina se sublevó contra los romanos. Al principio las siniestras autoridades ilegítimas y sus seguidores se plegaron a la sublevación. Pero en vista de su contumacia, durante las alternativas de la lucha, fueron muertos por los líderes populares. El pueblo judío continuó la guerra hasta que finalmente los romanos retomaron las zonas sublevadas. Cometieron un terrible exterminio de más de un millón de víctimas. El Imperio Romano tenía ciento veinte millones de habitantes, de los cuales seis millones eran judíos, cuya enorme mayoría vivía fuera de Palestina (Egipto, Turquía, Grecia, Siria, Libia, Italia). Por las horrorosas matanzas de las sublevaciones posteriores (115-117 y 132-135 e.C.) se redujo enormemente la población hebrea. Sobrevivieron mayoritariamente los judíos del occidente del Imperio, de los cuales descienden los judíos de la actualidad. En consecuencia, los judíos contemporáneos y sus antepasados son total, absoluta y definitivamente inocentes de la ancestral acusación de que son descendientes de los que “mataron a Cristo”. Esta clara evidencia de la realidad histórica destruye así, esa horrible falsedad con la que durante dos mil años se atormentó a los judíos.

Aldo S. Julia C.

Manifiesto publicado en Internet, página: http://www.laverdadnosharamejores2.blogspot.com