6 de agosto de 2009

Una falsedad de 2000 años.

En la época de la predicación de Jesús, Palestina pertenecía al Imperio Romano. Las autoridades judías de Jerusalén, que reclamaron la muerte de Cristo, eran, en realidad, meros agentes al servicio de los opresores romanos. El sufrido pueblo judío los repudiaba. Tres décadas después de la Pasión de Jesús, ese mismo pueblo judío de Jerusalén y Palestina se sublevó contra los romanos. Al principio las siniestras autoridades ilegítimas y sus seguidores se plegaron a la sublevación. Pero en vista de su contumacia, durante las alternativas de la lucha, fueron muertos por los líderes populares. El pueblo judío continuó la guerra hasta que finalmente los romanos retomaron las zonas sublevadas. Cometieron un terrible exterminio de más de un millón de víctimas. El Imperio Romano tenía ciento veinte millones de habitantes, de los cuales seis millones eran judíos, cuya enorme mayoría vivía fuera de Palestina (Egipto, Turquía, Grecia, Siria, Libia, Italia). Por las horrorosas matanzas de las sublevaciones posteriores (115-117 y 132-135 e.C.) se redujo enormemente la población hebrea. Sobrevivieron mayoritariamente los judíos del occidente del Imperio, de los cuales descienden los judíos de la actualidad. En consecuencia, los judíos contemporáneos y sus antepasados son total, absoluta y definitivamente inocentes de la ancestral acusación de que son descendientes de los que “mataron a Cristo”. Esta clara evidencia de la realidad histórica destruye así, esa horrible falsedad con la que durante dos mil años se atormentó a los judíos.

Aldo S. Julia C.

Manifiesto publicado en Internet, página: http://www.laverdadnosharamejores2.blogspot.com

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