El pueblo judío de Palestina no rechazó a Jesús. Durante todo su relato los cuatro evangelios muestran, con una contundencia plena de evidencias y de realidades, que el pueblo judío, salvo naturales excepciones de humana debilidad, “lo tenía por profeta” (Mt.21,46) ; y, desde luego, para sus seguidores era el Mesías. En la época de Jesús, Palestina, que no tenía ese nombre todavía, comprendía una extensión territorial algo menor que los reinos de David, Salomón y los asmoneos. (El territorio del pueblo de Israel. La Tierra Prometida por Dios a Abraham).
Cuando nació Jesús era rey de todo Israel Herodes, el grande, impuesto por el senado romano y confirmado por el emperador Augusto, que dominaba toda la zona del cercano oriente. Durante el gobierno de Herodes el grande hubo en Israel gran prosperidad. Hizo grandes construcciones: ciudades, fortalezas, un gran mausoleo,etc..Remodeló y engrandeció, con un esplendor sin igual, la sencilla estructura del viejo Templo de Jerusalén. Pero su servilismo hacia los romanos, sus arbitrariedades con los nombramientos en el Sanedrín y los sumos sacerdotes y sus terribles atrocidades le granjearon el repudio del pueblo.
Treinta años después, cuando Jesús inició su predicación, Israel estaba divido en tres jurisdicciones: la zona del noroeste, gobernada por Filipo (hijo de Herodes el grande) con el título de tetrarca. La zona de Galilea estaba gobernada por HerodesAntipas (hijo de Herodes el grande) con el título de tetrarca. La zona de Judea, Samaria e Idumea estaba gobernada por un funcionario romano con el título de “Procurador” y con sede en Cesarea.
Jesús vivió y predicó, casi siempre, en las regiones de Palestina habitadas por judíos. Durante su predicación Jesús tuvo adversarios surgidos de sectores elitistas: Doctores de la Ley, herodianos, saduceos, fariseos y las malas autoridades vendidas. Estos adversarios le discutieron, muchos con malicia y otros con convicción, aspectos de la Ley y en alguna oportunidad concordaron con su doctrina o le previnieron del peligro que corría(Lc.13,31).
Por sus milagros y hermosas enseñanzas (Confianza en la Providencia, el Sermón de la Montaña, el amor a los enemigos, etc.), las multitudes populares lo siguieron; hecho que culminó con su entrada triunfal en Jerusalén.
En el Templo tuvo lugar la revelación de Jesús. “Todo el pueblo madrugaba para ir donde él y escucharle en el Templo”(Lc.21,38) . (…todo el pueblo de oía pendiente de sus labios”(Lc.19,48).
Pero las maliciosas autoridades vendidas (sumo sacerdote-Sanedrín), secundadas por malos saduceos, malos fariseos y herodianos, maquinaron la horrible maldad de hacer desaparecer a Jesús, pero sin que el pueblo se enterara, “…pues temían al pueblo”(Lc.22,1-2). Se acercaba la Pascua (en que hay que sacrificar la víctima pascual). Satanás entró en Judas Iscariote, uno de los Doce Apóstoles, y que se ofreció, por dinero(Treinta monedas de plata), a las autoridades vendidas para traicionar a Jesús cuando estuviera lejos de las multitudes(Lc.22,3-6).
Durante la Cena de Pascua, en el Cenáculo, Jesús instituyó la Eucaristía y la nueva Alianza, que no tendrá fin. Después de la Cena fueron al monte de los Olivos, ubicado fuera de los límites de la ciudad. Allí fue la patrulla de las autoridades político-religiosas vendidas guiadas por el traidor Judas Iscariote y prendieron a Jesús, arteramente, a escondidas de pueblo. Jesús se entregó voluntariamente. Entonces la patrulla lo llevó a Caifás, el sumo sacerdote. Durante la noche, en el Sanedrín, le hicieron un juicio irregular y lo condenaron. De madrugada lo llevaron al Pretorio del procurador Poncio Pilatos. Lo acusaron falsamente y gritaban y Pilatos tuvo que condenarlo. Era de madrugada, no había radios, ni televisión, ni computadoras, ni celulares. No se pudo en tan pocos minutos haber convocado a multitudes del pueblo. El pueblo judío de Palestina no estuvo presente. Los que asistieron al juicio de Pilatos eran, en realidad, grupos de individuos adictos a las autoridades vendidas, lo que ahora llamaríamos activistas. Fueron los que junto con las malas autoridades pidieron a gritos la crucifixión y dijeron todas esas cosas horribles (“Caiga su sangre sobre nosotros y nuestros hijos”(Mt.27,25). Durante elVia crucis y crucifixión, ya avanzada la hora, las malas autoridades vendidas y algunos sujetos, indudablemente los adictos activistas, se burlaron de Jesús. Pero la realidad trascendental es que “Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él”(Lc.23,27). Después que Jesús expiró “Todas las multitudes que estaban reunidas allí, cuando contemplaron las cosas que sucedieron, empezaron a volver golpeándose el pecho”(Lc.23,48).
El pueblo judío de Palestina no rechazó a Jesús.-
Aldo Schiavetta
Bajo el influjo de
la clarividencia de
Julia Cianci
Manifiesto publicado en Internet, página: http://www.laverdadnosharamejores2.blogspot.com
En un fragmento de su libro, su Santidad Benedicto XVI, respondiendo a la pregunta de quiénes eran los acusadores de Jesús, explica, citando a San Juan, que al hablar de judíos el Evangelio “no indica de ningún modo, como un lector moderno tendería a interpretar, al pueblo de Israel, sino más bien a la aristocracia del Templo”. El Papa quiso subrayar de este modo que la acusación de deicidio, formulada desde el Medievocontra los judíos, no tiene ningún fundamento en los textos sagrados del cristianismo.
REALIDAD HISTÓRICA DEL EVANGELIO DE SAN JUAN
Rico, complejo y difícil, diferenciándose de los tres primeros evangelios(Sinópticos), que fueron escritos antes de la sublevación del pueblo judío de Galilea y Judea contra la dominación romana de los años 66-70e.c., el Evangelio de San Juan fue escrito con posterioridad a dicha guerra. Antes de la sublevación los judíos cristianos, aunque eran muy hostigados por las autoridades político-religiosas, entraban libremente en las sinagogas comunes y debatían con los judíos ortodoxos la doctrina de Jesús y la divulgaban. Después de la destrucción del Templo de Jerusalén, dirigentes secundarios de judíos ortodoxos sobrevivientes, se establecieron en Iabne(cerca de Jaffa) con autorización de los odiados romanos dominadores. Los dirigentes judíos ortodoxos de Iabne no dejaron entrar más a los judíos cristianos a sus sinagogas porque no apoyaron a la rebelión (“Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”, Mat.22,21), y además alarmados porque después de la guerra, muchos judíos ortodoxos adoptaban la nueva doctrina cristiana. Los judíos cristianos de Palestina se disgustaron profundamente con el grupo de judíos ortodoxos de Iabne.
San Juan, que sobrevivió hasta esa época, y sus discípulos, radicados en Éfeso, tenían estrechos vínculos con los judíos cristianos de Palestina y de los sentimientos y emociones de su tiempo. El cuarto Evangelio lo escribió por inspiración divina pero la redacción fue humana. Finalmente, la redacción definitiva la realizaron los discípulos, que, presuntamente, muy disgustados con el pequeño grupo de judíos ortodoxos de Iabne, generalizaron con el nombre de “judíos” a todos los enemigos de Jesús. En realidad los enemigos de Jesús solo habían sido los malos herodianos, las malas autoridades religiosas y políticas vendidas y pequeños grupos de malos saduceos y malos fariseos, pero no todo el pueblo judío común de Palestina que en general no lo había rechazado(ver Lc.21,38 y 18,48).
San Juan, discípulo preferido de Jesús, vivía en total entrega a sus mandamientos y doctrina, y al mismo tiempo practicaba, como todos los cristianos judíos, las tradiciones judías no modificadas. Junto con sus discípulos respetaban esas conmemoraciones y circuncidaban a sus hijos, pero su total entrega y su veneración infinita por Jesús se manifiestan esplendorosamente en su Evangelio. Considerando el supremo mandamiento de amar a Dios y al prójimo y haciendo abstracción del disgusto, que acusa a todos los judíos de rechazar a Jesús, el Evangelio muestra una REALIDAD más amplia: el “mundo” o las “tinieblas”, dominado por Satanás, el príncipe de este mundo, que actúa contra Dios y su Cristo. Jesús se entrega a la muerte como el Cordero Pascual inocente para expiar el pecado del mundo.
La aclaración enunciada por su Santidad Benedicto XVI con respecto al Evangelio de San Juan, que los medios de comunicación masivos dieron como una noticia fugaz, es conocida por las autoridades de la Iglesia y colaboradores pero no por las multitudes católicas (Mil millones de almas). Será una hermosa bendición difundirla profusamente a todo el género humano, junto con la Realidad Histórica de los acontecimientos, para honrar la verdad y los Derechos Humanos; y para mayor gloria de nuestra militante Iglesia Católica.
LOS DERECHOS HUMANOS
El diccionario define a los Derechos Humanos como, "conjunto de derechos y libertades considerados como inherentes a la naturaleza humana, lo que implica especialmente su aplicación y respeto por todo el poder político".
Los Derechos Humanos no son creaciones ni patrimonio de ningun sector social. La prodigiosa realidad de su esencia y gestación es que el mandato divino del amor al prójimo* rebasó siempre los corazones de los diversos luchadores que, en distintas circunstancias y lugares, forjaron los derechos humanos.
"Los Derechos Humanos son la institucionalización del mandamiento de amar al prójimo"
*Lvt. 19,34 - Dt. 10,19 - Mc. 12,28-34.
Aldo Schiavetta
Bajo el influjo de
la clarividencia de
Julia Cianci
Manifiesto publicado en Internet, página: http://www.laverdadnosharamejores2.blogspot.com