22 de febrero de 2010

Una no deliberada pero horrible y genial crueldad de hace más de cuatrocientos años.

En el año 1291 las autoridades inglesas echaron a los judíos para robarles, y justificaron esa canallada alegando que eran malas personas. Argumento al que la población le dio completo crédito. Pasaron los siglos y esa creencia generalizada persistió. En ese ambiente, en siglo XVI, nació William Shakespeare, el genio inconmensurable de la literatura universal. Entre las más célebres de sus obras está la comedia "El mercader de Venecia", famosa sobre todo por el personaje de Shylock, pretendido judío prestamista que da un préstamo sin interés a un cristiano, pero con la garantía de una libra de su carne, y que reclama por incumplimiento. Está dantescamente retratado como perverso, grotesco, vengativo, inhumano, etc. ,etc. Así, el prodigioso autor, con toda su incomparable genialidad, le hace destilar a Shylock la maldad, y aunque la forma burlona la cubre placenteramente, al mismo tiempo siembra en el subconsciente del espectador actual una semilla de malignidad.
La obra maestra se difundirá más y más, debido también a las numerosas representaciones radiales, teatrales, cinematográficas, televisivas y hasta en los cada vez más sofisticados celulares. Los estudiantes la leerán...
Es muy difícil destruir un prejuicio en estas circunstancias. La mejor manera de empezar a combatirlo es sentir que nos hiere profundamente. Saber que su malignidad es constante, así esté dirigida contra trece millones de judíos, dos mil quinientos millones de cristianos o contra un solo ser humano.
Para captar su virulencia habría que imaginar la misma situación pero dirigida a otro sector de la humanidad, poniendo todo el corazón para no herir venerables sentimientos ni instalar absurdas polémicas. Si Shakespeare hubiera nacido en el Imperio Romano en el siglo III, en plena época de las persecuciones contra los cristianos, acusados de toda especie de excesos , de crímenes, de adorar a un dios con cabeza de asno y de dar muerte a los niños para beberles la sangre, es obvio que el personaje de Shylock habría sido cristiano. El deleite de los espectadores romanos habría sido tan delicioso como el que sentían los ingleses de fines del siglo XVI... La comedia sembraría en la actualidad la semilla de malignidad en el subconsciente de los espectadores no cristianos que son más de tres mil quinientos millones. Los cristianos sentirían, como todo ser humano en la misma situación de inocencia, que el despreciable Shylock les hace daño, y tal vez algún justiciero trataría de elaborar una reivindicación absurda.
Por todo lo dicho, alertar sobre Shylock no es desempolvar una antigua y olvidada sinrazón. Es un astuto prejuicio que se difunde mediante la cultura. Pero es con el conocimiento de los hechos, con la cultura precisamente, que utilizando un procedimiento similar al de la vacunación se lo puede combatir con eficacia.
Jorge Luis Borges en uno de sus maravillosos versos enumera las trágicas lacras con que se atormentó a los judíos, y entre las primeras menciona a Shylock.
"Un hombre encarcelado y hechizado,
un hombre condenado a ser la serpiente
que guarda un oro infame,
un hombre condenado a ser Shylock
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
un rostro condenado a ser una máscara,
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
un hombre condenado a ser el escarnio,
la abominación, el judío,
un hombre lapidado, incendiado
y ahogado en cámaras letales,
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . "

Israel (transcripción parcial). Obras Completas, Emecë Editores, Tomo 2, pág. 377.
William Shakespeare podría haber nacido, no solamente en el Imperio Romano sino en cualquiera de los países de la Tierra. Por tanto, el personaje de Shylock es de una significación universal, que se incluye en todos los sectores humanos de todos los tiempos.
Imbuido de esta evidente realidad y alertado de que Shylock podría ser un personaje de su propio grupo humano, y ante la magnitud de la afrenta, todo espectador se sentirá hermanado con el grupo humano realmente calumniado por autor de la comedia. Protegerá así su subconsciente de toda semilla de malignidad, y habiendo abstraído la bruma de injusticia que contiene la obra, podrá disfrutar de El mercader de Venecia. Sentirá además, la alegría de pertenecer al venturoso grupo humano que practica el octavo mandamiento (No darás testimonio falso contra tu prójimo), y que irradia el precepto bíblico de amar al prójimo.

Aldo S. Julia C.


Manifiesto publicado en Internet, página: http://www.laverdadnosharamejores2.blogspot.com