21 de octubre de 2009

Una inexactitud de hace 2000 años.

Al analizar los acontecimientos, especialmente los de hace mucho tiempo y que quizás conocemos desde la infancia, lo hacemos con la carga del sedimento de nuestras credulidades. Es difícil lograr un cambio en nuestras opiniones, sobre todo cuando ya hemos dejado de ser jóvenes. Pero si se trata de conceptos erróneos que hacen daño a numerosos seres humanos, es una obligación moral rectificarlos, aunque sea muy difícil de lograr. La verdad tiene que resplandecer. Debe ser desvirtuada una inexactitud de hace 2000 años referida a Judas Iscariote, uno de los doce Apóstoles de Jesús. Cuando se hace un sondeo de opinión, a la pregunta de si los Apóstoles eran judíos o cristianos, todos los consultados responden: Cristianos. Si a continuación se pregunta: ¿Judas Iscariote era judío o cristiano? la mayoría de los consultados responden: Judío.
El análisis de este tema se hará reflexionando con atención las verdades evangélicas y desechando documentos apócrifos y divulgaciones novelescas, que parecen haber llegado a su paroxismo al pretender inculpar, con desaprensivo desparpajo, a Leonardo da Vinci.
Antes de la predicación de Jesús los doce Apóstoles eran hombres comunes, judíos ortodoxos (fieles creyentes en la religión y las tradiciones del pueblo de Israel), que vivían en Galilea. Al convertirse en seguidores de Jesús tuvieron fe en la redención del anunciado Mesías (Jn 1, 41), en el Cristo. De modo que los doce Apóstoles se contaron entre los primeros cristianos.
En aquel tiempo Galilea, zona del norte de Palestina, estaba gobernada por el tetrarca Herodes Antipas, designado por el poderoso emperador de Roma, que dominaba toda la región. De la misma manera, Judea, con Jerusalén estaba administrada por procuradores romanos que cometían injusticias y excesos y nombraban a su arbitrio, para el digno cargo de Sumo Sacerdote y a los miembros del Sanedrín a personas obsecuentes que despertaban el descontento de la gran mayoría del pueblo judío.
Jesús vivió y predicó, casi siempre, en las regiones de Palestina habitadas por judíos. Finalmente subió a Jerusalén a evangelizar y mientras lo purificaba proclamó la subordinación del Templo: "Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes".(Mt 11,17). Por esta manifestación el Templo fue para los Apóstoles y los demás cristianos el Santuario de Jésús. Después de la Ascensión los Apóstoles también lo siguieron frecuentando. "Ellos (los Apóstoles), después de postrarse ante él (Jesús), se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios" (Lc 24, 52-53). En el Templo tiene lugar la revelación de Jesús. Escuchando su doctrina, viendo sus prodigios y oyendo sus juicios "Todo el pueblo madrugaba para ir donde él y escucharle en el Templo" (Lc 21,38) (...todo el pueblo le oía pendiente de sus labios" (Lc 19,48).
Durante su predicación Jesús tuvo diversos adversarios: herodianos, las obsecuentes autoridades, los malos escribas, los malos saduceos y los malos fariseos (que el Talmud también condena). Estos adversarios le discutieron su doctrina y enseñanzas, unos con convicción y otros, molestos por sus acertados juicios y reprimendas, con malicia. Las obsecuentes y maliciosas autoridades "buscaban cómo hacerle desaparecer, pues temían al pueblo" (Lc 22, 1-2).
Estaba cerca la conmemoración de Pascua. "Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce (Pero que desde ese momento dejó de ser seguidor de Cristo); y fue a tratar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia del modo de entregárselo. Ellos se alegraron y quedaron con él en darle dinero (Treinta monedas de plata). Él aceptó y andaba buscando una oportunidad para entregarle sin que la gente lo advirtiera" (Lc 22, 3-6).
Después de la última Cena de Pascua, cuando Jesús se había retirado a un huerto y estaba con los Apóstoles solamente, el traidor Judas Iscariote, acompañado de un destacamento de la guarnición romana (Jn 18,3) y guardias de palacio, lo entregó. Jesús les dijo: "Todos los días estaba junto a vosotros enseñando en el Templo, y no me detuvisteis. Pero es para que se cumplan las Escrituras." "Y abandonándole huyeron todos" (Mc 14, 48-50). Había comenzado la Pasión de Cristo.
Judas Iscariote, con Satanás en su cuerpo hasta después de la traición, entregó a Jesús por dinero solamente. Ninguno de los evangelios menciona que haya manifestado adhesión a los argumentos de los adversarios de Cristo, ni que se haya convertido en uno de los seguidores de las malas autoridades obsecuentes, ni tampoco que se haya reconvertido en el buen judío común ortodoxo que era antes de ser discípulo de Jesús. DESDE AQUEL MOMENTO JUDAS ISCARIOTE HABÍA DEJADO DE SER JUDÍO ORTODOXO. NI CON TODOS LOS AVATARES LO VOLVIÓ A SER. NUNCA MÁS LO FUE. Los evangelios sí relatan que cuando vió "...que (Jesús) había sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata." (Mt 27,3). Dijo "Pequé entregando sangre inocente." (Mt 27,4). Los sumos sacerdotes no le recibieron las monedas. Entonces puso "...las monedas en el Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó." (Mt 27,5). Es evidente que si se sintió acosado por el remordimiento, fue porque tuvo plena conciencia de haber hecho la más horrible maldad de la historia de la humanidad. La historia siempre lo condenará. Poner las monedas en el Santuario del Templo (La Casa de Jesús) habrá sido, tal vez, un subconsciente impulso de retorno, tratando de buscar la misericordia de Dios...

Aldo S. Julia C.

Manifiesto publicado en Internet, página: http://www.laverdadnosharamejores2.blogspot.com